Definición de la Real Academia de la Lengua:

TOLERAR

(Del latín tolerare).

1. tr. Sufrir, llevar con paciencia.
2. tr. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. tr. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. tr. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Siempre he pensado que la palabra “Tolerancia” no me gustaba demasiado. Lleva implícito un algo, un no sé qué de rechazo, de asco, una connotación negativa. Lo que “toleras” está claro que no te gusta. Que no lo ves aceptable. Que no es bueno. Que no está bien. Que no lo harías por naturaleza. Toleras porque no te queda más remedio, poque no puedes hacer otra cosa.

De lo contrario se emplearía el término “respetar”. El respeto es una actitud activa. La tolerancia una actitud pasiva.

Pero se puso de moda hace años, y ya no hay nada que hacer. Está enquistado, en el habla, en las intituciones, en la política, en la vida diaria.

Hasta la cuarta acepción del verbo tolerar no se encuentra nada positivo.
Somos lo que decimos.

En cambio, la cosa cambia cuando se busca la defición de Tolerancia en la RAE:

“TOLERANCIA”.

(Del lat. tolerantĭa).

1. f. Acción y efecto de tolerar.
2. f. Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.
3. f. Reconocimiento de inmunidad política para quienes profesan religiones distintas de la admitida oficialmente.
4. f. Diferencia consentida entre la ley o peso teórico y el que tienen las monedas.
5. f. Margen o diferencia que se consiente en la calidad o cantidad de las cosas o de las obras contratadas.
6. f. Máxima diferencia que se tolera o admite entre el valor nominal y el valor real o efectivo en las características físicas y químicas de un material, pieza o producto.

¿Por qué cambia tanto la cosa, si al fin y al cabo son hermanos de sangre? Ya en la primera acepción aparece la palabra “respeto”.
Es algo muy curioso, y creo, digno de que los académicos tengan más de una charla…..

Abogo por el Respeto. No por la Tolerancia. Aunque sea políticamente correcta.

Todo ésto viene a colación de la web que ha creado el INJUVE, el Instituto de la Juventud, dependiente del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Ha lanzado una campaña para promover el respeto a la diversidad y luchar contra la intolerancia.
En esa campaña, apoyada en la web llamada ‘Intolerantes Anónimos’, han creado un test para que cada uno pueda medir su grado de intolerancia.

¿Soy la única que piensa que son unos vainas?
¿En qué cabeza cabe que se pueda medir “el nivel de intolerancia” en una persona como si fuera un test de conducir?
¿A qué mameluco se le puede ocurrir la idea de que una persona intolerante vaya a entrar en esa web y se moleste en hacerse el test, si no es para descojonarse?

¿Alguien conoce a un machista que diga que lo es? ¿Alguien conoce a un racista que lo haya dicho él mismo?

En la web se pueden leer un slogan como éste: “Reconocer nuestra propia intolerancia es el primer paso para lograr una sociedad más tolerante. Entra y empieza a afrontar tu problema.”

¡¡Cómo si se tratara de Alcohólicos Anónimos!! ¿De verdad creen que intentar convencer a un racista de que es un enfermo es la solución? Dios de mi vida, apaga y vámonos.

Esta es la web:
http://www.intolerantesanonimos.org

Desde luego, no es más que otro fruto de la sociedad en que vivimos. Una sociedad en la que si un profesor le quita un móvil a un alumno que no deja de joder en clase con él se le puede acusar del delito de apropiación indebida. En la que los padres agreden a los profesores porque le tienen manía al niño. En la que se premia el aprobar tan sólo un exámen en todo el curso con una moto.

Y mientras, los niños de la ESO se descojonan de todos. Como los intolerantes.

Imagen:

Monumento a la Tolerancia – Eduardo Chillida

Muelle de la Sal, en la orilla del Guadalquivir (Sevilla)
Su financiacion corrió a cargo de la Asociacion hebrea Sefarad en 1992.
Amanece los fines de semana como urinario público, pintarrajeado, cagado, lleno de condones, rayado, grafiteado, confín de botellón y aparcamiento de motos.
El Ayuntamiento se gastó una millonada en restaurarlo.
Lo terminarán vallando.
La Tolerancia entre vallas.

Estamos en Vandalucía.

Anuncios