Hacía tiempo que en Sevilla no había regalos culturales.

Pero este final de 2006 nos ha deparado ¡oh, sorpresa! una de ellas. Sevilla ha entrado (por una vez) dentro de un circuito cultural en España. Claro que no se puede ser tan ingenua de pensar que en el lote no vaya incluido un barniz de figureneo político, de bello envoltorio que tape cosas de las que no interesa debatir, de maniobras de cara a la galería, de oportunismo cultural, urbanístico y casi manipulación, de impostura, artificiosidad, de cartón piedra, y bla bla bla.

Pero en la Plaza Nueva de Sevilla, en todo el centro histórico de la ciudad, desde el 5 de diciembre y hasta el 14 de enero, o sea, el periodo navideño (aunque se ha prorrogado hasta finales de febrero por la multitudinaria acogida) se hayan expuestas 22 esculturas de Igor Mitoraj, gracias a una iniciativa organizada por la Obra Social de La Caixa, dentro de su programa Arte en la Calle, y que ya ha estado en otras ciudades españolas (creo que de aquí se van a Valencia), contando aquí evidentemente con nuestro insigne Ayuntamiento y la colaboración del Instituto de las Artes y la Cultura de Sevilla (ICAS).

La exposición, maravillosa. Disfrutar de estas esculturas de bronce por segunda vez en mi vida ha sido fantástico. Pasearlas, observarlas, fotografiarlas, tocarlas, disfrutarlas, y el cúmulo de sensaciones que me han regalado es algo que no estoy acostumbrada a sentir en mi ciudad. Hace varios años, bastantes, ya hubo una exposición en la Sala El Monte, de la que disfruté, descubrí y me enamoré, e incluso compré el catálogo, del que llegué a recortar dos láminas preciosas para enmarcarlas y colgarlas en el salón de mi casa, cuando estaba decorando mi casa y sólo quería rodearme de cosas bellas y queridas. En fin.

Entonces, hace años, dudo que la exposición tuviera mucho público asistente. Ahora, es multitudinario. ¿Alguien se acuerda que Mitoraj ya estuvo en Sevilla? No se lo he oído a nadie. A nadie he encontrado que me haya dicho que fue a verla entonces. Hace años, es cierto, pueden hacer 8 o 9, sino más, soy mala para las fechas, pero es así.

El problema es que, reflexionando, llegas a la misma conclusión de siempre. A nuestras autoridades, a nuestros políticos, el Arte por sí mismo, por sí sólo, no les parece suficiente. No les da puntos. Tienen la necesidad de recubrirlo con algo más, de tener que enganchar a la gente con algo más, publicitarlo enmarcándolo dentro de alguna intervención municipal, dentro de algún Plan Urbanístico o Cultural, decorarlo, en una palabra. Y por supuesto, recubrirse con la pátina cultureta que tanto gusta a estos políticos de presupuesto y pancanta, nuevos mecenas y protectores del Arte. ¡Cómo les gustan las fotos, a nuestro Cabezadeserrín y nuestro Chávez!

Estas esculturas no se merecen estar rodeadas de centenares de macetones con Flores de Pascua, rodeadas de árboles y farolas recubiertos con kilómetros de cables de lucecitas de navidad propio de las películas que ponen en estas fechas en Antena 3, de metros de cables navideños que convierten la arquitectura de la Casa Municipal en una especie de gran palacio irreal, de parque temático. Esto es más serio, creo. Si el ente municipal es de la opinión de convertir en Camelot el Ayuntamiento y su plaza cada Navidad, que no arrastre a lo que no participa en eso. No es serio.

Mezclar popularizar con vulgarizar es propio de nuestros políticos. Es la única profesión donde nadie te exige ni la EGB. Vamos, ni las 4 reglas.

Se inauguró la iluminación navideña en Sevilla con la apertura de la exposición. ¿Quién ha sido el listo, el águila, que se puede anotar el tanto? Que lo haga.
La exposición es el motivo perfecto, que ni pintado, para llenar la plaza de gente andante, de peatones, de niños y abuelas.. Ahora sólo se habla de lo bonita que está la plaza. Y todo el mundo a verla. Chapó, tío. Eres un masca.

Y que conste que no se trata de demonizar, ni sentar cátedra. La plaza iluminada está bonita, está propia de Navidad. Pero Mitoraj de por sí ya la elevaría de categoría, en cualquier mejor ocasión. En la sencillez está la elegancia.

Pero la Navidad pasará, las lucecitas se quitarán, la exposición terminará, y la realidad volverá al Consistorio.

Mientras, al menos nadie me quita el poder disfrutar en mi cuidad, tantas veces como quiera mientras dure la exposición, de cada escultura serena, clásica, enigmática, susurrante, eterna, de Mitoraj, de acariciar mis recuerdos, de dejar aflorar mi sensibilidad, aunque sea apartando globos de niños gritones con gorros de lana para que no salgan en las fotos que intentas hacer.

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