Abril es el mes más cruel“, decía T.S. Eliot en el primer verso de “La tierra baldía“.

Esta semana me ha hecho recordar algo que leí hace tiempo, la noticia de que un investigador británico que aseguraba en 2.005 que el peor de los días, después de sesudos estudios, era nada menos que el 24 de enero.

El Dr. Cliff Arnalls, profesor de la Universidad de Cardiff, incluso diseñó una fórmula para explicar su descubrimiento:

1/8C+(D-d) 3/8xTI MxNA.

Sus razones eran:

C es el factor climático; en enero los días suelen ser grises y fríos en el Reino Unido (y Europa).

La D mayúscula representa las deudas adquiridas durante el período navideño, que eran muy cuantiosas para los británicos, y por extensión a la mayoría de países que celebran la Navidad comercial.

La d minúscula simboliza el dinero que se cobra en enero.

La T es el tiempo trascurrido desde la Navidad.

La I representa el período desde el último intento fallido de dejar un mal hábito; los británicos (y el resto de sujetos de Europa) suelen proponerse cambiar la vida el 1 de enero. Lo llaman “New Year´s resolution”, en España llamados “Lista de buenos propósitos”, pero aparentemente muy pocos resisten las viejas tentaciones más allá de los primeros días de resaca en enero.

Sin embargo, las motivaciones cuentan, y el profesor Arnalls las incluye en su fórmula con la letra M.

Y la NA, al final, es la necesidad de actuar para cambiar la vida.

Con esta fórmula, de alguna manera (a mí se me escapa cómo) él calculó que el 24 de enero, exactamente un mes después de la Nochebuena, es el día más terrible del año.

Lo he recordado porque posiblemente el pasado lunes 22 fue el día más terrible para mí.

Por dos días. Nadie es perfecto, ni siquiera la Ciencia.


Anuncios