La Literatura como Superviviencia.

Lucía Etxebarría, escritora y periodista:

En mi novela “Beatriz y los cuerpos celestes” se habla de una tal Mónica, una joven de muy buena familia, con todas las necesidades cubiertas, que prueba todas las drogas habidas y por haber y que acaba heroinómana. No soy yo. Yo en mi juventud y adolescencia, también lo probé todo, heroína incluida… pero ¿por qué – me he preguntado muchas veces- no acabé yo enganchada si probé tanto como los demás y con la misma frecuencia?.

Mi padre tenía muchos defectos, como todo el mundo. Pero leía mucho. Mi casa tenía más libros que la biblioteca de mi barrio (la biblioteca de mi barrio estaba bastante abandonada). Yo veía que mi padre y mis hermanos disfrutaban leyendo, así que, naturalmente, les imité. Nadie tuvo que convencerme para que leyera. Más bien para que no leyera: “ ¡Apaga la luz de una vez que si te quedas leyendo hasta las tantas mañana no va a haber quien te levante! ” o “ Pero ¿por qué no tiras el libro de una vez y sales a dar una vuelta, con el buen día que hace?”.

[…] Y creo que por eso yo no me enganché. Porque llegó un momento en el que sencillamente, me aburría sobremanera estar en un bar puesta hasta las cejas y jugando al futbolín. Yo sabía que había vida más allá de los bares. Lo había leido en los libros. Yo sabía que si me lo proponía podía llegar a mucho más que a ser la eterna acompañante mona del roquero de turno, que vale por su aspecto y no por sus acciones, y a la que se la mira mucho pero se la escucha poco. Me lo habían enseñado los libros. Y también me di cuenta un día de que, en realidad, iba a estar más a gusto en un parque leyendo un libro que escuchando por enésima vez el consabido“ ¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste? ”, de boca de un gañán que no leía y al que por eso no se le ocurría entrada mejor. También porque leía mucho llegó un día en el que se me ocurrió, a mí solita, que el idiota de mi novio de entonces no tenía ningún derecho a decirme que si me miraba otro tío era porque yo le había provocado. Tengan ustedes en cuenta que entonces los términos “violencia de género” “maltrato” o “terrorismo doméstico” solo existían en los libros, y no en la televisión, o en los periódicos, ni siquiera se oían en la calle. Y porque leía mucho podía inspirarme en heroínas de novela que también habían largado a sus novios aunque medio barrio las pusiera verdes.

Y por eso cuando alguien me pregunta porqué hay que recomendar la lectura yo no aludo al placer.

Y respondo que hay que leer por mera supervivencia.”

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