El pasado 25 de septiembre se presentó en público la 3º edición del Diccionario de Uso del Español (DUE) de la inconmensurable Doña María Moliner (1.900- 1.981).

El “María Moliner” es, a juicio de escritores, periodistas, lectores, docentes y personas interesadas por el lenguaje y las palabras, la mejor obra de consulta sobre el castellano y sobre todo la obra de referencia como el mejor diccionario que existe sobre nuestra lengua. Yo soy una de las que apoya dicha opinión.

Existen demasiadas diferencias con el DRAE de la Academia de la Lengua, con toda su pomposidad, su suficiencia, y su conservadurismo.

Las definiciones del DUE de María Moliner se han hecho acreedoras de elogio por su claridad, precisión y sencillez. Pero va aún más allá, sólo hay que abrir una página y comprobarlo ( “catálogos”, etimologías, niveles de empleo, sinónimos, etc, etc, listas completísimas).

María Moliner debió ser la primera académica de la Lengua Española, sino fuera porque su candidatura no fue apoyada, pese a ser presentada por Dámaso Alonso. Era 1.972, tampoco hablamos del siglo XIX, pero esta institución ha dado múltiples muestras de su machismo y el silencio que ha cernido sobre escritoras fundamentales cuya labor jamás fue reconocida, cuando sí los coetáneos masculinos de calidad manifiestamente menor.

Fue una magnífica lexicógrafa, pionera mujer universitaria, científica e incansable trabajadora, colaboradora en las actividades culturales de la II República y madre de cuatro hijos. Se la llamaba la “académica sin sillón“. Y realizó su diccionario durante 15 años, elaborando miles de fichas con una máquina de escribir portátil y dos atriles, sentada en el comedor de su casa. En 1.966 la Editorial Gredos lo publicó.

Hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana“.

Gabriel García Márquez.

Este sencillo homenaje a Doña María Moliner tiene la excusa en un detalle que busqué en la última edición del DUE, y no me decepcionó. Incluye 7.700 nuevas entradas y 25.000 acepciones nuevas, incluyendo, por ejemplo y nunca mejor dicho, la palabra blog entre ellas.

Pero busqué la nueva definición de matrimonio:

Matrimonio. – Unión de una pareja humana legalizada con las ceremonias y formalidades civiles o religiosas establecidas para constituir una familia.

¿Se puede decir más claro?¿Ser más concisa?¿Dejar menos a la interpretación partidista?

Es….. perfecta. No sólo se ciñe a la legalidad vigente, sino que no entra en consideraciones morales o de conciencia individual. Establece en un plano de igualdad el civil y el religioso sin tener que especificar géneros. Y sí establece peso al recalcar “pareja humana”, dejando fuera a todas esas asquerosas y retorcidas sandeces que hemos tenido que aguantar de los forofos de las peras y las manzanas.

Honesta y acorde a la realidad que existe en el idioma español vivo. Sin más.

Siempre por delante, Doña María.

Enlaces:

Completo especial sobre su figura personal, política y cultural

Pasión por la Palabra

La joya de ser María Moliner

http://www.mariamoliner.com/

– Definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) a día de hoy, con salida de una nueva edición a la calle posterior a la aprobación de la Ley que permite el matrimonio civil para las personas homosexuales:

Matrimonio: Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales. En el catolicismo, sacramento por el cual el hombre y la mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia.

Siempre lo diré; el lenguaje estructura el pensamiento. Y el pensamiento nos define.

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