Hace hoy un año.Hace un año -exactamente-, yo y mi vida volábamos por los aires. No se me puede olvidar un día como el de hoy hace un año, no. Lo que ocurrió, y lo que trajo consigo. Cómo me partí en dos. Imposible, y aquello arrastró todo hacia el centro de un vendaval que no cesó durante meses.

Muchos meses. Muchas noches. Un año después, qué ironía, aquellos días parecen haber pasado más rápido de lo que fueron en realidad. Entonces fue como si alguien hubiera sacudido mi vida metida en una caja de metal, un niño jugando con una caja de metal que lleva algo dentro dando vueltas, y hubiera abierto de repente la tapa.

Todo por el suelo. Todo deslabazado. Todo derruido.

Al cabo de un año, nada de ese daño ha cicatrizado. Me sigue asaltando en cualquier esquina, pero he descubierto que puedo convivir. Que ya no me arrastra.

Que puedo mirarlo por encima del hombro, por muy fuerte que apriete, por muy honda que clave la hoja afilada. Trago saliva. Me fajo la cintura. Y los miro de frente.

Aquí estoy, solita. Vamos. Al cabo de un año de aquello que aún me eriza el vello recordar, cuesta ponerse a recomponer. Pero miras unos ojos que te miran, sientes las yemas de unos dedos que te buscan, y eres capaz de coger aire, tan fuerte, y decir:

“De acuerdo. Sigo aquí. Nunca debió ocurrir pero ocurrió, afrontémoslo. Estoy dispuesta”. Es un acto de amor respirar hondo y cerrar los ojos. Aunque esa mochila sea muy pesada a veces. Y aunque nunca consiga quitármela de encima.

Aún cuando se abra cuando menos te lo esperas y menos en guardia estás.
Aún así, soy más resistente de lo que nunca imaginé. Ahora pienso que es más difícil quedarse que ir. Tomar la decisión de seguir peleando algo en lo que crees, aún hoy y a pesar de todo. Contra nuevos enemigos, que nunca faltan ni faltarán. Quedarse y pringarse hasta arriba. Aunque en realidad nunca me fuera, y nunca te fueras. Aunque aquello fuera de locos.

Sonreiré para hacértelo más fácil. Sólo por tus ojos, por cómo has vuelto a mirarme. Por cómo te miro y te veo borrando huellas, con ganas, con dulzura, con ilusión, con certeza de quererme. Por cómo quieres darme de nuevo el mejor de los paraísos.

Imágen:

– Óleo de César Galicia (1.992)

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