Decía Marguerite Duras que “Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos”.

No cabe más verdad. Este caduco 2.007 será el año del blog, este intento, esta ventana más bien, por dónde surgen las palabras nunca dichas, directamente al viento, sin destino fijado de antemano ni billete de vuelta, que tantas lunas negras y lunas llenas contiene tras todos estos meses.

Corren como locos los balances del año, los análisis, resúmenes e imágenes de cada cual en los miles de blogs que pueblan la Red. Es vano intento; siempre se dejarán lo más importante. Eso que nadie supo ni nunca se dirá.

Hay que empezar despacio a deshacer el mundo.

Antes éramos la promesa de un universo que nacía al tiempo que íbamos creándolo con nuestras manos. Ahora sabemos. Y eso es lo único que nos diferencia, la certeza de saber que no faltaran piedras en el camino. Ejercer el olvido por voluntad es imposible, pero la serena dignidad del amor dicen por ahí que es capaz de todo.

Y nadie alcanza lo que de veras busca sin mancharse las botas.

Lo único cierto es que mañana, muy avanzada la madrugada, no estaré escribiendo en este blog que tan bien me conoce ya, cuando el insomnio campaba por las habitaciones de mi alma. Estaré durmiendo a tu lado, escuchando cada vez que respires, que a veces la vida merece la pena lo hijadeputa que puede llegar a ser.

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