Las relaciones perfectas nunca son interesantes. Y últimamente ni las conversaciones.

Detesto evitar discutir la primera vez que me presentan a alguien, por un genético y absurdo sentido de la prudencia. Detesto las personas que hablan de los problemas que (piensan ellos..) tienen los demás….Hay tanta gente que nunca se ha dado una vuelta por ahí…..Tanta gente tan segura de lo bien que le iría al vecino si hiciera las cosas como ellos…

Tantos que todavía no han pasado por cosas en su vida que le lleven a saber que todo el mundo tiene fantasmas, que cada cual trata de sobrevivir frente a todo, que la vida es distinta y jodida y real en cada corazón que late.

Y yo, que no estoy ni en un bando ni en otro, tengo cada vez menos ganas de hablarlo. Miro a esa persona y sólo pienso: “Tiempo…… tiempo….. sólo le hace falta tiempo…..Ya la vida le enseñará”

Porque nadie puede saber por tí. Nadie puede crecer por tí. Nadie puede hacer por tí lo que tú mismo debes hacer.

La existencia no admite representantes.

Dos horas en un bar. 4 mujeres. El vacío. He vuelto con el estómago completamente vacío. Y la culpa es sólo mía.

Soy yo la que no encaja todo ésto. Y ya demasiado mayor para no asumir que eso nunca cambiará.

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