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Decía Voltaire:

En sustancia, la religión pagana ha costado muy poca sangre, mientras que la nuestra ha derramado ríos enteros…

(Diccionario Filosófico, 1.764)

De eso hace ya 2 siglos y medio. Y aquí seguimos. Caminando (según dicen) hacia la Laicidad del Estado.

España es desde la aprobación de la Constitución en 1.978 un Estado Aconfesional, que viene a decir que no se reconoce una religión oficial, que el gobierno no se adhiere a ninguna religión específica, aunque se firman tratados de cooperación con distintas comunidades de creyentes o credos, siendo de “especial” cuidado la comunidad católica.

El Estado Laico en cambio no establece tratados de colaboración alguno, y rechaza en los cargos públicos manifestaciones de carácter religioso. ¿De qué se trata? ¿Qué se persigue con la diferenciación de aconfesional de laico?

Liberar la esfera pública de la influencia religiosa. De cualquiera de ellas.

Nada más. Y nada menos… Eso es la utopía por la que peleamos.

Y dicho ésto, esta semana (que hay que ser torpe….) el ínclito cardenal católico Rouco Varela, el mismo que me pide que le destine beneficiario del 0,7% de mi aportación al Estado en la declaración de IRPF, se ha marcado con esta frase sobre el atril:

El matrimonio homosexual es la rebeldía del hombre contra sus límites biológicos

Cree que: “en la llamada “Ideología de Género” y en las leyes que se inspiran en ella, como la de los “supuestos” matrimonios homosexuales, donde se expresa la rebeldía del hombre contra sus límites biológicos, y que la unión entre parejas es ir en contra de la realidad”

“Es una versión moderna del querer ser como Dios Creador y no sus criaturas, de no aceptar su ley”.

Por lo tanto entiendo que no veremos nunca al ínclito Rouco tomando cualquier tipo de antibiótico, o vacunándose contra la gripe, que no solicitará ser admitido en ninguna lista de espera de trasplantes de riñón si en algún momento le fuera necesario, y que no acudirá a ningún hospital para recibir sesiones de quimioterapia si por mal se le detectara un cáncer.

Y que no cogerá ningún avión, ni subirá a ningún barco, ni atravesará ningún túnel.

Dejémosle a Rouco vivir dentro de sus límites biológicos. No somos nadie para coartarle.

Por cierto. Biológicamente tampoco son naturales sus gafas. La miopía también es obra de Dios.

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