Un anuncio de TV de hace ya algún tiempo decía algo así:

“LOS SERES HUMANOS AMAMOS LAS LISTAS. ES EL DESESPERADO INTENTO DEL HOMBRE POR PONER ORDEN EN EL CAOS “

Listas ¿Quién no las ha hecho alguna vez? Anunciaban el Mercedes clase E. Un coche.

Qué mundo éste en que hace falta la Filosofía para vender coches….

Personalmente llevo intentando desde hace años, sistemáticamente uno tras otro, intentar llevar una agenda vital. Tengo agendas desde hace más de 10 años en las que, en lo máximo posible, tienen relleno 15 días seguidos, cuanto más un salto de un mes en vacío y otro relleno, otro vacío de un trimestre y vuelta a 15 días seguidos, otros tantos días sueltos, pero no más.

Soy absolutamente incapaz de hacerlo por más que me lo proponga, por más que me gustaría. Saber qué día de qué año ví esa película y dónde, cuándo tuve esa conversación, cuándo sucedió aquello que pasó desapercibido para todos, cuándo esa exposición, cuándo compré aquello, en dónde estuve, cuándo descubrí lo que fuera, cosa, sitio, persona….

Cada principio de año, con un ceremonial casí místico, inexorablemente recorro las librerías y los centros comerciales buscando “esa” agenda para el año que entra. Mientras busco los regalos de Reyes para todos me busco “esa” agenda para mí. Las toco, las abro, las huelo. Las he tenido de todos los tamaños y colores, informales y profesionales, un año tras otro. Lástima.

A la vez que maldigo mi falta de constancia me perdono la falta por cometerla.

Siempre es preferible vivir.

Yo, que soy de las que piensan que el principio del año no es el día 1 de enero sino el 1 de septiembre, que ya no hago propósitos de año nuevo, ando ahora rumiando listas. No sé por qué, pero de repente estas dos últimas semanas llevo haciendo un recuento vital sin proponermelo previamente.

Mentalmente. Y creo que a eso quiero dedicarme este verano. Aparte de playa, viajar, divertirse, desconectar, hacer el amor lo más posible y todo eso que hacemos el común de los mortales lo que me pide el cuerpo es echar la vista atrás y hacer un “remenbering“.

Y en el fondo, la razón es única. Quiero saber.

Quiero saber cuáles son las películas de mi vida.

Quiero saber cuáles son los lugares a los que siempre volvería.

Quiero saber qué músicas han marcado mis días.

Qué libros han alimentado mi alma.

Al fin y al cabo, un@ es producto de lo que deja entrar. Y esos múltiples matices han conformado poco a poco un carácter, son capas que se adhieren aún sin que lo quieras.

Este verano me apetece hacer una especie de biblioteca-guía de mi vida, un repaso interior.

Da igual la calidad, da igual la caducidad. El que algo nos traspase no se basa en la calidad, en lo sublime o erudito, simplemente es importante para tí por una razón que serás incapaz de que alguien lo llegue a entender a la precisión con la que lo sientes.

¿Debo poner un límite, ordenarlo? ¿Poner los 5, 10, 50 o 100 más importantes? Creo que me limitaré a ir escribiendo conforme se enciendan en mi memoria.

Voy a hacer el guardarropa de mi vida, de los primeros 30 años, al menos. El bagaje de una vida cualquiera.

Las listas son el intento desesperado de poner orden en el caos….

Ésto me recuerda uno de los que seguro escribiré en la lista de “Literatura para sobrevivir”: El miedo a la libertad” de Erich Fromm.

El caos es lo más parecido que existe a la libertad absoluta. Y da pavor. En el fondo, da pavor, lo queramos o no.

Es nuestra naturaleza.

Por eso amamos las listas, creo.

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