Hubo un tiempo y un lugar donde las mujeres desarrollaron un lenguaje secreto, desconocido para todos los demás, donde pudieron intercambiar libremente sus pensamientos a través de las cartas, de las palabras bordadas en abanicos y pañuelos, lejos de miradas y juicios masculinos, que hace tan sólo 4 años se extinguió en silencio, callado, casi como una caricia, como no podía ser de otra forma.

El mes que viene hará 4 años que murió Yang Huanyi Yi, la última mujer china que conocía el lenguaje secreto del Nushu, un código de escritura femenina descubierto por el mundo occidental apenas en los años 80, pero que durante siglos había sido la única escritura sólo comprensible por las mujeres que se conoce en toda la cultura universal.

En estos días de Olimpiadas, en los que China aparece como el gigante asiático, la megalópolis tecnológica, impregnada de espíritu confraternal entre países, de espectáculos fascinantes inmensos de creatividad, a mí se me viene a la mente la China dueña del secreto de las pequeñas cosas, de las cosas frágiles, sutiles, inapreciables, suaves, y recuerdo a las mujeres que hablaban ese secreto y susurrado lenguaje perdido para siempre entre la gran Historia del Mundo.

Las mujeres de la minoría étnica Yao, en la provincia de Hunan, desarrollaron desde el siglo III este particular lenguaje de 2.000 caracteres que no podían descifrar los hombres, y durante siglos hablaron a través de elementos de su vida cotidiana que pasaban desapercibidos y eran carentes de importancia en sus tareas artesanales, sus pañuelos, sus vestidos bordados, jarrones, abanicos, acertijos, poemas, cartas, que criticaban el patriarcado feudal (y feroz), la opresión de las mujeres a los maridos, la cruel costumbre del vendaje de los pies de la antigua cultura china… No sólo tenían prohibida la educación, el pensamiento, vivían encerradas y el Nushu era su único elemento de comunicación entre las casas y las mujeres. Como tantas otras cosas, es algo nacido de la opresión y el aislamiento que busca los resquicios de lo establecido para encontrar un espacio donde respirar y ser.

Gritos absolutamente mudos, la desesperada necesidad de comunicarse, que logran salir a través de la dulzura de las manos de las mujeres.

Yang Huanyi, de 98 años, la última mujer en el mundo que conocía el código secreto Nushu, moría llevándose con ella un lenguaje milenario en el año 2.004. La única lengua escrita que no posee un paralelo oral, en chino su significado es literalmente “escritura de las mujeres”. Hoy día numerosos investigadores chinos tratan con dificultades de rescatarlo y entenderlo, pero los escritos eran destruídos, quemados, y con la llegada de la Revolución Cultural y la dictadura comunista que trató, como todas, de destruir cualquier símbolo de cultura antigua… es algo muy complicado. La universidad de Qinghua (China) sí pudo contactar con Yang algunos años antes de su muerte.

Sería algo maravilloso conseguir un lenguaje propio, oculto, desconocido a oídos ajenos e intrusos. Dicen que los amantes crean cada uno su particular código de pareja, pero lo que a mí me fascina es ese halo de intimidad, de joya preciada y escondida, ese hablar bajito y en susurros cosas que se cuentan sin que nadie más lo vaya a saber, esa intimidad cálida susurrada y protegida. Siempre protegida.

Esa es para mí al menos la mayor y mejor certificación del Amor. No el sexo, ni el compromiso de pareja, ni los hijos, ni la vida compartida. Eso, que es imposible ponerle un nombre.

Eso, tan sutil e intangible como fue la escritura Nushu.

Recomiendo, para quien quiera saber más, este enlace, para mí el mejor y más completo para entender de lo que hablo, de todo lo que no consigo decir, de las mujeres de hoy y de la historia secreta del Nushu.

Una auténtica joya:

Nushu y la bitácora poética femenina

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