Internet es la revolución social del último siglo. Lo mejor de lo que nos ha pasado (como invento) en décadas, la mejor ventana al mundo.

Sus detractores la acusan de muchas cosas, y tal vez no les falte razón en la mayoría de ellas.

Es cierto que Google se ha erigido en la nueva Enciclopedia del Conocimiento, y ese conocimiento en ocasiones no está en manos de personas cualificadas, formadas y expertas en el tema que sea, sino que hoy día cualquier indocumentado puede elaborar tesis, argumentos, artículos, sin la menor idea ni base alguna científica o intelectual, fruto de la más pura invención o del mayor de los errores, de una visión sesgada o intencionada, aportar datos, estudios, vídeos…. y ser la mayor fábrica de la venta de humo.

No sé a qué se debe. Pero es algo que vengo observando desde hace tiempo. La ‘gente’ en general (¿?) no pone en tela de juicio lo que ‘ve’ o ‘lee’ o ‘investiga’ en Internet. No entiendo por qué, si en cualquier otra faceta de la vida exigimos un mínimo nivel de profesionalidad, competencia o conocimientos, calidad al fin y al cabo, en el caso de la Red ‘se da por hecho’ que el que escribe ‘sabe de eso’… Nadie pone nada en tela de juicio.

Supongo que, tal como estoy convencida, Internet ‘es como seamos nosotros’. Pasa como con el coche, como con el trato con los demás…. Uno de los grandes fracasos que arrastramos en la educación es que estamos formando una generación con una absoluta falta de espíritu crítico. Ante todo, ante la vida. Frente a la política, las normas, la música….

Nos lo tragamos todo, lo que sea, mientras esté escasa o astutamente recubierto de pátinas adecuadas al target al que se dirigen. Caminamos hacia una sociedad ya no de cuidadanos, sino de consumidores, como muy acertadamente escuché una vez.

El problema es que hay cosas con las que se puede juguetear, inofensivas más allá que el entretenimiento, y otras con las que ese juego vanal y manipulado crea monstruos de los que nos acabaremos arrepintiendo.

Y probablemente, el que más pavoroso miedo me provoca es el que ha infundido a contar todo ésto.

Me espanta comprobar cómo Internet, la Pornografía en la red, se ha convertido en la nueva Gran Educadora Sexual.

Pone los pelos de punta darse una vuelta por ahí y comprobar lo que se vende. Lo que triunfa. Lo que provoca interés. La espantosa facilidad con la que la pornografía más denigrante, falsa, agresiva, retrógrada, humillante, degradante, cutre, ofensiva, se asume como actitudes y comportamientos habituales dentro de las relaciones sexuales entre hombres y mujeres.

No tengo problemas morales con la pornografía. Es perfectamente válida en una sociedad libre.

Pero tengo cada vez más problemas de conciencia. El pensar que los adolescentes identifiquen esos comportamientos, tanto masculinos como femeninos, como modelos a seguir. O tan sólo como “lo normal“…. uff

¡Cómo podemos luchar contra eso las mujeres! Es pura violencia contra la mujer.

Física y moral. El uso (en el peor sentido de la palabra) del cuerpo de una mujer donde volcar y desahogar lo peor del hombre. El reducto despótico, de desprecio a la mujer como persona con capacidad individual, de autoritarismo y superioridad que ha dejado la sociedad avanzada arriconado en los comportamientos sociales en la vida diaria se está cebando y ¡retroalimentando! en la Pornografía actual, donde ha encontrado un vasto campo abierto sin normas ni cercados donde explayarse a gusto.

Es….. peligroso. Porque se incrusta como una lapa al subconciente colectivo.

El comportamiento que ya no se permite en sociedad se sigue permitiendo y fomentando en la pornografía.

El Porno no es malo. Yo he visto algunas películas francamente buenas. Pero en la mayoría el cuerpo del hombre no es centro de agresiones, vejaciones, de un uso denigrante, no es tratado con violencia ni desprecio, muy al contrario. Es respetado, cuasi venerado diría.

Es más. Es tremendamente difícil observar que una mujer disfruta del sexo en la pornografía, ya no sólo porque el orgasmo femenino no sea objeto de interés, sino que sus sonidos, los gestos, las actitudes, son más propios de una ceremonia de daño, no de placer. Me encantaría observar cómo una mujer disfruta, realmente, ‘creible’, aunque sea mentira. Pero al menos molestarse en que se parezca remotamente a eso llamado placer. Eso sería el ‘buen’ porno.

Pero muy al contrario la sensación que transmiten es la de un animal que está sufriendo daño.

Eso, curiosamente, no ocurre con la pornografía gay.

Ves claramente cómo esos dos (o los que sean) disfrutan, aunque sea en recreaciones de dominación, o sumisión, o sado, o qué sé yo.

La mujer está acorralada. Casí se diría que su placer se obtiene del sufrimiento.

Cualquier mujer con dos dedos de frente sería incapaz de disfrutar frente a eso, por mucho que se lo propusiera, con esa contemplación.

¿Significa eso que el Porno está hecho sólo para hombres?

Muy bien, aceptamos por mayoría. Es entonces cuando más me preocupa…

La Pornografía para liberar las fantasías y deseos sexuales… ¿pero para liberar lo peor?

¿Significa eso que el realidad hemos de dejar de engañarnos y asumir que ese es el estado ideal del hombre en el que soñaría vivir, subconscientemente?¿Ese comportamiento?¿Que siguen en pleno siglo XXI sin tener ni la más remota idea de la sexualidad femenina?¿O que ésta en el fondo les importa una mierda?

¿Es la Pornografía el Hombre en realidad? ¿El Hombre arrinconado que lucha y destapa sus instintos frustados en la vida real?

¿Es la Pornografía el último reducto del Hombre salvaje, incivilizado, incapaz de asumir su papel de igual en la sociedad, y se refugia en un guetto que dé vía libre a lo peor de sí mismo?

Según la revista Forbes, la industria pornográfica genera 60.000 millones de dólares cada año en el mundo.

Es para planteárselo.

Decía David H. Lauwrence a principios de 1.900:

El mundo está lleno de esos seres incompletos que andan en dos pies y degradan el único misterio que les queda: El sexo.’

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