Es curioso, pero en ninguna parte está escrito que las relaciones que queremos vayan a durar para siempre, y conforme se adquiere experiencia se es consciente de ello.

Aún así, la mayoría de las joyas celebra el amor que dura. O que va a durar eternamente… En cambio, encontré hace algunos años por la Red esta joya del Estudio de Diseño Tjep, llamada “Heartbreak, consistente en una frágil pieza de porcelana en forma de corazón y un ligero pero fuerte martillo de titanio, ambos conectados y inseparables por un cadena del mismo material.

Cuando el corazón se rompe enseñará sus fisuras, aunque no se deshaga nunca, debido a su interior de caucho que lo mantendrá unido para siempre. Una joya del diseño, como tantas otras cosas de Tjep. ¿No es maravillosa?.

De hecho uno suele recuperarse de su corazón roto, por más que esa posibilidad sea la más descabellada en un primer momento. No nos morimos, la naturaleza o la biología está más que preparada para estos contratiempos y siempre juega a su favor.

Pero las fisuras, las cicatrices, nos hacen ser quiénes somos.

¿Por qué ocultarlas?.

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