Iamfine

Comencé este blog en septiembre del año 2.006, alojado en la plataforma Blogger. Estuvo inactivo cerca de dos años, posteriormente comencé a escribir de nuevo, y más tarde ha estado de nuevo, otra vez, sin respirar durante dos años.

Como diría Ray Lóriga, mejor decir más bien poco, porque las explicaciones se acaban pareciendo demasiado a las excusas. Un silencio necesario, oportuno, los blogs de carácter personal son seres vivos y como tales responden a emociones, contradicciones, pulsiones, huidas, deseos y rechazos. Es bueno desconectarse y desaparecer, es una forma de limpieza emocional.

Desde que puedo recordar que empecé a usar los ordenadores, hace muchos años ya, comencé a tener cuenta en todas partes, mucho antes de la explosión de las redes sociales que ha habido de un par de años para atrás, cuando ahora ya todo el mundo está en la Red. La Red es como un enorme y mastodóntico rascacielos, del que por mucho que mires hacia arriba no ves el final, y yo no hacía otra cosa que abrir ventanas, buscando algo, voces, textos, imágenes, con un cerebro y un alma hambrientos que comía por los ojos.

He probado prácticamente todo lo que existe en la Red, y con la perspectiva de hoy veo que el motor fundamental, que la razón que me movía a deslizarme por nuevos pasillos, a abrir cuentas y mirar dentro, era la más pura curiosidad. Sentía curiosidad por todo, y quería ver cómo funcionaba cada nuevo experimento que Internet ofrecía, ver cómo se comportaba, cómo se comportaban las personas, en una palabra, observar.

Era lógico que un día decidiera alejarme, sin premeditarlo, casi sin darme cuenta. Una vez visto el escaparate, decides si entras o no en la tienda. Casi se diría que yo decidí salirme de todas ellas. Y dedicarme a vivir. Uno nunca sabe en qué momento ha llegado su época de cambios hasta que le abres la puerta y arrasa como un temporal.

He cerrado ya muchas de las ventanas que abrí hace años, la mayoría por hastío. Ahora me alegro, con una sonrisa agridulce, de todo por lo que pasé. Ahora más o menos empieza a encajar todo, sigo peleando por llevar las riendas de mi vida aunque no sea más que una ilusión infantil, pero me encuentro bien, dentro de mí misma. Me he dejado la piel en el camino, pero creo que me han inoculado algo parecido a una vacuna. No sé. Y de repente, vuelven las ganas de escribir.

En fin, afortunadas las personas que ha podido ir quitándose capas, como las cebollas, a lo largo del camino. Es un proceso interior, lento, en el que nadie puede ayudarte, en el que tienes que encontrar tus propias herramientas y enfrentarte a tus propios fantasmas. Pero al final, con el tiempo, levantarte de buen humor por las mañanas no hay dinero que pueda comprarlo. Empezar de cero cada día para conseguir que sea el mejor, y pelearlo.

¿Quién no tiene secretos?. Pero hay que escribir para averiguarlos.

Este blog es de las pocas ventanas que siempre me resistí a cerrar. Eso sí, he hecho limpieza.. una buena buena-buena-limpieza de posts, lo he dejado casi en el esqueleto eliminado entradas, casi unas 300, y he puesto el contador de visitas a 0. Quería volver a empezar…. Por lo único que lo siento, y pido perdón, es por borrar un montón de comentarios interesantes de personas en esos posts eliminados, pero bueno…  “Higiene mental“, lo llaman. Y bendito sea. Ahora me alegro infinito de no haber eliminado el blog de un plumazo, como tantas veces estuve tentada a hacer.

Leerte a ti misma, lo que has escrito hace años, reconocerte acaso, odiarte, perdonarte, admirarte, es un ejercicio impagable.

Hay algunos paisajes a los que siempre se vuelve.

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