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Me parece una idea fantástica! Digna de la época que vivimos.

Según leo en la noticia publicada hoy por El País, España es el país con mayor número de teléfonos inteligentes o smartphones de toda la UE, un 63,2%, con seis millones de usuarios que viven conectados a todas horas del día y que han sido ya denominados como “comunicadores digitales permanentes“; estamos por delante de Reino Unido, Francia, Italia y Alemania. ¿A nadie le llama la atención ésto?.

También somos el país europeo con mayor tasa de desempleo…. podrían ser elementos que fueran de la mano, pero sería de ilusos creer que la búsqueda de empleo o el estar permanentemente localizable o informados de inmediato en relación a cualquier oferta es la principal causa de este fenómeno, más bien al contrario. Choca cuanto menos pensar que en lo más negro de la recesión y la crisis económica de un país, con jóvenes que emigran, con desahucios, con miles de empresas liquidadas, somos los que más compramos los teléfonos más caros, peor aún, los que queremos comprar los teléfonos más caros. Lo deseamos, por lo visto, no hay más que ver las cifras disparadas de ventas en las últimas navidades, el regalo “perfecto” y “más pedido”.

Según un informe de la Sociedad Española de la Información en 2012, los usuarios se relacionan al día con un mayor número de personas vía redes sociales, en el mundo virtual (unos 23 individuos de media), frente a la relación personal y real (unos 16 individuos de media), añadido a las consultas o actualizaciones diarias de sus cuentas en Facebook, Twitter, Tuenti, Instagram, Whatsapp, Linkedin, etc.

Conozco personas que han adquirido estas navidades la última versión del Iphone, teniendo el anterior, pero rabiaban por tener el Iphone 5, que creo que anda por los 600 €. Esas mismas personas proclaman a los cuatro vientos el robo que supone pagar 0,05 € por una bolsa en el supermercado desde que las cobran. Yo no entiendo nada.

Cada día estoy más convencida que somos marionetas de un mercado delirante.

Y que una de las cosas que más peleo día a día es esforzarme por distinguir mis necesidades reales de las que me crean. Me niego ya de una vez a que me creen necesidades que no tengo, que me empujen a esta vorágine sin sentido, por pura ansiedad, ciegos como los burros con orejeras, y todo sospecho que para tener muy entretenido al personal en gilipolleces diarias, creyéndose cada uno el ombligo del universo. Y ese es un terrible y enfermizo síntoma. Lo extraordinariamente bueno que las redes sociales han traído a la sociedad actual empiezo a pensar que realmente no compensa. Y la culpa es nuestra, de manera exclusiva. Nunca sabemos usar nuestros nuevos juguetes.

Antes se decía que el fútbol era el opio del pueblo. Mucho antes todavía que el Circo Romano chispa más o menos. Mantener entretenido al pueblo para que no dé problemas y se esté calladito, no tenga tiempo para pensar, no tenga tiempo para leer, no tenga tiempo para reflexionar, sólo “consuma información en forma de slóganes”, enfrascado y absorto en su permanente bombardeo de mensajes intrascendentes, es la cosa más antigua del mundo.

Y desde luego, lo menos inteligente para un país. Así nos luce.

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