Revolution

Vivimos en estos momentos un mundo tenso. Un periodo de la Historia de cambios, caminos errados, destrozos, desorientación social y tensión, sobre todo tensión, que es lo que traen normalmente bajo el brazo los cambios no pedidos o esperados, sobre todo si es a peor. En estas estamos.

Los medios de comunicación tradicionales se están quedando atrás en muchos aspectos, y el impacto de la inmediatez de las redes sociales los están obligando a replantearse su identidad o morir. ¿Empiezan a no ser necesarios? No lo sé, me lo planteo. Uno de los principales problemas del salto de la prensa escrita a la digital es que la reflexión sobre los hechos se mengua de forma a veces escandalosa, lógico por otra parte, ya que la consulta on line es un proceso visual, no mental, aunque parezca una tontería no se “lee” en una pantalla de ordenador más que unos minutos, y ello conlleva que la fuerza principal radique en los títulos, los sloganes, las frases entrecomilladas y los párrafos destacados de apenas 20 palabras. Se lee la prensa on line como un repaso de titulares, dejando atrás los viejos editoriales, los artículos de opinión diversos, la reflexión en suma que aporta la prensa en papel. Es algo que yo misma echo de menos muchas veces, al ser una más de tantos que ya no “compran” periódicos salvo ocasiones. Ya no “compro“, “consulto“. Es un salto en el léxico, en los verbos, que tiene mucho detrás que rascar… El lenguaje define el pensamiento.

Si yo fuera periodista… no sé muy bien qué pensaría al respecto. El caso es que yo, sin haber pisado jamás una facultad de Ciencias de la Información, en los días que vivimos me puedo convertir en “la periodista del día” con sólo grabar un vídeo con el móvil y colgarlo, divulgarlo como la pólvora, por las redes sociales. No puedo ser médico por un día, ingeniero por un día, jueza ni policía ni conductora de metro, pero sí puedo ser periodista. Es curioso… pero no sé si bueno.

Todo esto viene a colación de un vídeo colgado en Youtube, que, una vez terminado de ver, no sé qué pensar. No sé si me da miedo reflexionarlo a fondo; se titula “Cómo grabar una revolución. Estrategias y tácticas del cámara“.

Lo primero que se me viene a la mente es que es un lenguaje de guerra. Unas prácticas de guerra….¿Pasamos de ciudadanos a soldados?¿Y bajo qué bandera?¿La de la Verdad, la de la Justicia, la de la Información?

 

Curiosa por el lenguaje como soy, días atrás nos enteramos que la Dirección General de la Policía ha emitido una circular donde insta a sus agentes a no utilizar la palabra “Escrache” en referencia los actos que se vienen sucediendo frente a las viviendas de representantes políticos, por el asunto de los desahucios y afectados por las hipotecas, el clima social, sino que se utilicen acepciones del castellano recogidas en el RAE (acoso, amenazas, coacciones), que, por cierto y curiosamente, también son delitos tipificados en el Código Penal.

Y quiero saber qué narices es eso del “Escrache“, de dónde narices ha venido, cómo ha saltado a la palestra en cuestión de un mes y copa las bocas en emisoras de radio, telediarios, bares y prensa. Me pongo a buscar.

Y oh, sorpresa!! La cuestión me lleva a Argentina. Cómo no!

La palabra Escrache viene del verbo Escrachar, un verbo nacido en el Lunfardo argentino, que es una especie de dialecto o jerga del castellano hablado en Buenos Aires, y del que se nutren principalmente las letras del Tango.

En Buenos Aires, cuando los daguerrotipos de las primeras fotografías que existieron, en los que las personas aparecían con unas caras extrañas, asustadas, deformadas, feas, pálidas, dio lugar a la expresión “cara escrachada“. Se extendió como verbo para llegar a la expresión de “escrachar la cara a alguien” como sinónimo de pegarle, partirle la jeta, dejarlo feo, y por extensión “escrache” derivó en afearle la conducta a una persona, reprocharle algo……. Maravilla.

En el año 1995, en la Argentina de Medem, se indultaron y salieron en libertad un grupo de políticos y/o militares condenados por espeluznantes crímenes durante la Dictadura que, como es normal, provocó la ira en miles de ciudadanos que los perseguían y acosaban por la calle. Secuestros, asesinatos, torturas, desapariciones, que quedaban impunes con una ley de borrón y cuenta nueva. Y las Madres de la Plaza de Mayo allí, cada semana, reclamando los cuerpos de sus hijos, día tras día… No se desató el ojo por ojo sorprendentemente, se conformaban con acosar, violentar la libertad de movimiento, señalar, perseguir, gritar, a estos especímenes por la calle. No darles descanso. “Afearles la conducta públicamente” de los inicios. De ahí viene el Escrache que ha llegado a nuestro país. Eso es.

No podemos comparar la tortura, asesinato y desaparición a manos de militares con los desahucios y las hipotecas. No podemos comparar a políticos, más o menos inocentes de cargos o responsabilidad con asesinos. No es lo mismo la Justicia que la Política. Pagar con la cárcel que con la pérdida de votos.

Pero si la Política, como elemento de una sociedad avanzada que viene a sustituir las armas por la organización y reglamentación, las pistolas por el diálogo, el ser salvaje por el ser común, la matanza por la democracia, falla…. ¿quién se puede sorprender de que se estén rumiando tácticas, términos y conductas militares?. No es la solución, claro. Es peor. Es un síntoma.

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