Martín Hache

No se puede vivir sin haber leído ciertos libros, no se puede; de no hacerlo, una persona empieza a estropearse rápidamente, empezando por el cerebro, que es lo principal.

Igual ocurre con ciertas canciones, ciertas músicas, y ciertas películas. Quizás sería arriesgado proponer al insigne Ministro Wert que alguna de ellas se incluyeran dentro de los “circuitos curriculares” (¿soy la única a la que le aterra esta expresión?) que nos brinda en su nueva (y cíclica… qué cruz) reforma educativa. ¿Recordáis a Goebbels? Pues sigue por aquí. Ha debido reencarnarse en ministro de Educación para entretenerse un rato y tal.

A lo que iba. Una de esas películas incuestionables para no envejecer siendo un disminuido espiritual es “Martín (Hache)“, de gran Adolfo Aristaráin (1997). Descubro América, ya… Sus diálogos, tan vivos, tan llenos de ideas y verdades, del cine sin miedo a las palabras, de cuatro personajes que hablan en una verborrea incontenible sin complejos ni pudores de sentimientos, pérdidas, drogas, amor, sexo, incomunicación, identidad, vocación, soledad, política, patria… en suma, de la propia Vida, son pura Literatura que dispara a matar. Te da de pleno. Compleja e inteligente, profunda e impúdica, como las mujeres que vale la pena conocer.

Sólo la película, su director, su guión, ¡¡¡su música!!!, merece un post exclusivo, aunque sería incapaz de expresar lo que yo sentí, hace mil años ya, asistiendo con la mandíbula caída a la maravilla que es ese dúo masculino de actores, inmensos, extraordinarios, rozando la genialidad, que son Federico Luppi y Eusebio Poncela. He perdido la cuenta de las veces que la he visto…

Me centraré en ese discurso, famosísimo obviamente, que es carne de miles de blogs, referencias en facebook, cartelitos de motivación, y demás, que por otra parte, no es otra cosa más que sublime. Dante (Eusebio Poncela) vuelve de una noche de sexo a explicarle al niño Hache (Juan Diego Botto) una de esas cosas importantes de la vida que se pasan por alto en los “circuitos curriculares” de la educación sentimental.

H. – ¿Te gustan más los hombres que las mujeres?

D. – ¿En general? Nooo… de qué sexo sea en realidad me da igual, es lo que menos me importa. Me puede gustar un hombre tanto como una mujer… El placer no está en follar… A mí no me atrae un buen culo, un par de tetas, o una polla así de gorda!… bueno, no es que no me atraigan, claro que me atraen, me encantan!; pero no me seducen… Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que los mueve que merece la pena conocer!… Conocer, poseer, dominar, admirar… ¡La mente, Hache! Yo hago el amor con las mentes… ¡¡Hay que follarse a las mentes!!

Creo que no se puede definir mejor el misterio de la sexualidad. Debe existir una base mínima de atracción física, que allá cada cual decide, pero el momento justo en el que aparece la Seducción, así, con mayúsculas, es cuando esa atracción puramente instintiva interactúa con el resto de los elementos que integran una persona; y que los mueve la mente, su mente. Es decir, haces el amor a todo aquello que esa persona logre involucrar, sacar de sí misma, de su mero cuerpo, para sumar a la fiesta.

El Sexo difícilmente se trata sólo de sexo“, decía Shirley MacLaine.

Podemos divertirnos, claro, pretendiendo apostar sobre a quién elegiría una mujer adulta y con coeficiente mental en la media, si a Bill Gates o a George Clooney, para un encuentro sexual. E igualmente en caso de los hombres. Pero justo, justo ese detalle, es el que distingue a las personas maduras sexualmente. Cuando necesitan algo más que sumar a la fiesta que un cuerpo espectacular. Cuando tras un polvo con especímen humano físicamente por encima de la media te apetece tanto la idea de fumarte con él/ella el cigarrito de después como que te hagan un empaste. El sexo sin seducción no es más que ejercicio físico.

La madurez sexual… la seducción como ansia de conocimiento, y ese conocimiento como placer. Qué gran importancia tiene, creo, en relación con la calidad de vida, y cada vez más. Sin importar la edad que se tenga, ojo. Sin importar el amor, que en ningún momento he metido en la ecuación (ya, si aparece el Amor en la fiesta, date por tocado por la Varita de la Fortuna y tira confetti…). Se ha inventado un término y todo; Sapiosexual: persona que se siente atraído por la inteligencia de otra más que por su apariencia externa. Curioso.

Y cada vez me gusta más cómo suena la palabra copular…

[Y todo esto reflexionando del por qué estoy tan harta de que me pregunten si he leído “50 Sombras de Grey”… 50 hostias te daba yo, criaturita]

Postdata: no me puedo resistir…

amigos

(Para quién no haya visto “Martín (Hache)” todavía le recomiendo que no espere más, aquí dejo un link a Youtube donde está la película completa. La escena de H. y D. a partir de 0:53:30 min. No es que me sienta muy bien con mi conciencia haciendo ésto, pero bueno… Por solidaridad)

VER PELÍCULA

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