tentacion

En la Grecia antigua, lanzar una manzana a una mujer y que ella la recogiese era considerado una proposición de matrimonio, o al menos, una aceptación de principio de relaciones. La manzana era uno de los muchos atributos de la diosa Afrodita y por tanto, un símbolo erótico, de lujuria, sensualidad, sexualidad, belleza y atracción, presente en muchos episodios de la Mitología Clásica tanto griega como romana… se cree debido a que en su corte vertical se intuye una vulva femenina.

La expresión latina “Petere malis quandam” equivalía a “tirar manzanas a alguien” como declaración de amor (nuestros actuales “tirar los trastos” o “tirar los tejos”…)

Posteriormente los textos bíblicos recogerían esta simbología en el Génesis con Adán y Eva (y la serpiente tentadora), como hizo con todo, por otra parte… la Biblia no es más que un compendio de tradiciones, ritos y mitos antiguos, desde los mesopotámicos hasta los clásicos, y aunque en ningún párrafo se especifica como tal, sino como “el fruto del árbol del Conocimiento, del Bien y el Mal, que está en medio del Paraíso“, era demasiado poderosa la imagen de la manzana como objeto sexual en el simbolismo pagano anterior como para evitar identificarlo con ella a partir de entonces. El poder del inconsciente colectivo. Ha existido desde que el mundo es mundo.

Si nos ponemos a pensar, existen miles de referentes posteriores a lo largo de los siglos que continúan dicha tradición, que no empezó con la Eva bíblica como se cree habitualmente sino con la griega Afrodita, adaptada luego en la Venus romana, utilizando la manzana como el más exacerbado símbolo de la tentación y la sensualidad.
A bote pronto, se me viene a la mente el cuento infantil de Blancanieves y la manzana tentadora de la Madrastra, con Disney perpetuándola en el cine para miles de niñas. Ese es otro filón maravilloso para una mente curiosa, la simbología oculta en los cuentos infantiles como perpetuador en el inconsciente colectivo de tradiciones, ritos, conceptos, estereotipos… generación tras generación. Es su misión, la tradición, y transmisión, oral.

En fin. Todo viene porque he comprado un colgante largo por Ebay, baratísimo, de plástico, apenas un par de euros, de esas tiendas de baratijas chinas. Venía mal pintado, y hace días me entretuve en retocar toda la superficie con laca de uñas rojo brillante (usé una laca de Chanel fabulosa, un Le Vernis nº 38 “Rouge Flamboyant“, que cuesta como quince veces el precio del colgante) y además le pinté las pepitas interiores con un rotulador indeleble. Desde que lo vi, lo quise tener. No sé por qué. Fue instintivo.

Y pensando, pensando, es curioso también que la todopoderosa Apple, convertida en la nueva religión pagana del S. XXI, tiene como símbolo una manzana, obviamente. Aunque existen varias teorías, la más aceptada dice que Steve Jobs quiso homenajear a Alan Turing. No lo sé…  me encantaría pensar que Jobs también sabía algo de Mitología Clásica… en ella está casi todo, de ella venimos… aunque supongo que no. Pero una cosa es cierta; quien ha probado Apple no vuelve atrás. Ha mordido la manzana, y se convierte, qué curioso, en una relación amorosa, pasional, inquebrantable, para los restos.

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