BMz-rVHCEAAUWFo

Está muy de moda eso de hablar de vampiros emocionales. En esa nueva corriente de psicología new age del “Sé feliz a toda costa” aparece irremediablemente la necesidad de identificar y eliminar de tu vida a esas personas bautizadas ahora como “Vampiros emocionales” o “Agujeros negros” (por aquello de que roban toda tu energía, y por tanto, toda capacidad de discernimiento, autosuficiencia, independencia y fuerza vital), o también ese certero ejemplo de la economía del lenguaje para definir toda una personalidad llamado “Personas Tóxicas“.

Existen otros términos también asociados a ese análisis psicorrelacional, los llamados “Narcisos” (que definen una relación basada en que tú eres únicamente el espejo donde reflejar sus magníficas cualidades, como el mito clásico), y las “Madrastras o Padrastros” (progenitores incapaces de estimular las alas en sus vástagos, es decir, la sana ambición por emprender, extraídos de los cuentos infantiles). E igualmente existen los “Tóxicos Pasivos“, los víctima perpetua, desvalidos, incomprendidos, que se alimentan de provocar la compasión y la pena, reclamando una atención constante que desgasta. Todos ellos manipuladores encubiertos, pseudopsicópatas de guante blanco.

Pues como si no tuviéramos cosas ya que hacer, también debemos identificarlos, enfrentarlos y rodearles el cuello con ajos para que su muerte (es decir, sacarlos de raíz, quirúrgicamente, de tu vida) no te estropeen la cegadora felicidad a la que estás destinado. Ya te digo…

Esto es como los cuernos; resulta que todo el mundo lo sabía desde hace siglos menos el sufriente. O como la experiencia, que revela sus deliciosos frutos una vez la has cagado en proporciones siderales.

A mí me gusta hablar de personas Corcho y personas PlomoComo si la vida fuera un navegar en un vasto océano de olas embravecidas o calma chicha, a temporadas, y fueras parando en puertos a reponer víveres y agua subiendo a personas a bordo, configurando una barca en las que se sientan ese puñado de personas con las que te relacionas íntimamente a lo largo de tu trayecto antes de darle la moneda a Caronte. (El mito griego de Caronte explica por qué a los difuntos en la antigua Grecia se les enterraba con una moneda bajo la lengua. Era el pago a Caronte, el barquero del dios Hades, señor del inframundo, que guiaba en su barca de un lado a otro del río a las almas errantes de los recién difuntos.)

En fin, para volver al tema; algunas de esas personas que subes a tu barca ayudarán sin duda a mantenerte a flote, e incluso a navegar a mayor velocidad, a hacerte sentir como Leonardo di Caprio encima de la proa del Titanic gritando “¡Soy el rey del mundooo!”; otras te arrastrarán con ellas lentamente al fondo al mínimo viento en contra, como si te hubieran liado a los tobillos un ancla y al mínimo descuido te caigas por la borda. Personas que te impiden disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, como si te apagaran el sonido cuando vas a romper a reír a carcajadas. Personas que te exigen un sobreesfuerzo para todos los avatares de la vida cotidiana.

Dejando a un lado todo esto, que puede ser verdad, y lo es, a mí me provoca una cierta desazón comprobar hoy día que todo lo que nos ocurre, el por qué no soy/he sido feliz, deba tener un culpable. Un culpable externo. De todo tiene la culpa alguien más; o tu familia, de la que has de sobrevivir; o el Estado, los Bancos, la Economía Mundial, la Política, que impiden que puedas tener perspectivas de una vida cómoda dentro de los parámetros occidentales (vivienda, trabajo, coche, vacaciones estresantes e Ipad); tus parejas, elegidas exclusivamente por ti, que te han dejado cicatrices que ríete tú de Harry Potter; tus jefes, tus compañeros de trabajo, tus antiguos compañeros de pupitre, tus vecinos, tus cuñados… todos gente “Mala” que han conseguido entre todos aguarte la fiesta y no ser feliz.

Me parece que no… yo no lo compro como discurso. Ya no, aunque a ratos he pertenecido a esa cofradía. Ahora creo en la responsabilidad por los propios actos, erróneos o acertados, por asumir ambas en primera persona con la misma conciencia. Me irrita en cierta forma (y cada vez más) esa infantilización de los adultos hoy en día. Los hay por doquier; “La culpa la tiene…(señalando con el dedo)”.

¡Pues claro que tomamos decisiones equivocadas! Claro que nos enamoramos de la persona incorrecta y nos amputaríamos seis dedos por ella, ciegos kamikazes hasta que abres los ojos, o te los abren a hostias. Claro que la vida es una pelea constante y claro que existe la ingratitud, la mezquindad, la manipulación, el interés bastardo, la injusticia. Claro que existen personas de las que mejor alejarse, cuanto antes, cagando leches, aunque tardes en darte cuenta… pero en ninguna parte está escrito que vayamos a conseguir exactamente lo que nos merecemos. Y que si no lo conseguimos, es debido a todos esos agentes externos, porque nosotros LUCHAMOS por ello. La razón debe estar fuera… No; eso es infantil. Eso sólo llevará a no aprender absolutamente nada.

Por mi parte, me adscribo a la vieja escuela del Libre Albedrío. Soy dueña de mis decisiones, y aún más, SOBRE TODO, de mis errores. Me los como, sí, fue culpa mía si pasó esto o aquello. Nadie me puso una pistola en el pecho. Hice o dejé hacer, que en el fondo son lo mismo, la inacción también es una decisión. Sin más. Y no es nada fácil, lo cómodo es lo contrario, y tampoco se hace a las primeras de cambio, se necesita un periodo de reflexión. Se asume, te caes al barro, te levantas al tiempo y te sacudes, como puedes. Pero no se desparraman las culpas, por favor.

No sé si existen Personas Tóxicas o más bien, como ahora me inclino a pensar, Personas “Porosas”. La clave, en lo que debemos emplear realmente nuestro esfuerzo, es en ser una persona fortalecida interiormente (que no fuerte, los fuertes vienen de serie, no tiene mérito alguno), poder echar mano a un bagaje emocional, intelectual, cultural, de afectos, como muletas para lanzarte a andar tras la escayolada. Al menos, esa es mi percepción a día de hoy. Si no estás fortalecida, absorberás como una esponja. Y el agua puede venir sucia.

La máxima del Dalai Lama;  – La Regla de las 3R – :

Respeto por ti mismo. Respeto por los demás. Responsabilidad por tus actos.

Esa es la vida. Porque el mundo entero es tóxico, si te dejas. Saltarán las alarmas por donde quiera que pises. Y si te dejas, habrá en ello una porción importante de culpa tuya. Aunque el bueno de Jean Paul Sartre y su filosofía existencialista propugnara que “El infierno son los demás“, la mayor parte de nuestros males nacen de nosotros mismos, asumámoslo. Tenemos un poder de decisión brutal a lo largo de cada día y del que no somos conscientes en absoluto. El instinto de supervivencia nos guía como borregos a perdonarnos a nosotros mismos constantemente, pero no, no es bueno perdonarse tanto, y menos, buscar siempre culpables externos. Resta la capacidad de reacción, aunque sea lenta, pero imprescindible a mi juicio. Asumir tus actos. Tus errores. El siguiente peldaño a no hacerlo es olvidar, no aprender. Eso sí que para mí es un síntoma de esa manipulación inconsciente que produce ciudadanos débiles. Infantiles. Ahora está la moda de lo de Personas Tóxicas… Me temo que así, después, no pongamos esa cara de sorpresa con lo que se ve alrededor.

Anuncios