Charles Bukowski

Muchas veces a lo largo de mi vida he reflexionado sobre el impulso de escribir. Hay personas que disparan fotografías, las hay que necesitan expresarse con la pintura, que esculpen con sus manos, que inventan recetas maravillosas o hacen películas inolvidables; que tocan el piano como si acariciaran un alma o son capaces de levantar desde el papel edificios portentosos.

El hecho trascendente de la Creación en el alma humana. Esa diferencia entre un hobbie y una necesidad, cuando ésta es imparable y no responde a parámetros de cordura, sensatez, medida, prudencia o discreción. Cuando no puedes hacer literalmente otra cosa que dejarlo salir, a borbotones, por más que no quieras, o no puedas, o no debas. Ese alma que lucha por salir como el vapor de una olla a presión desde algún lugar profundo más allá de tu esternón.

Algunas personas me han preguntado que por qué escribo. No lo sé. Simplemente respondo que lo necesito. Y tan sólo escribir, no necesito (nunca he necesitado, aunque pudiera parecer lo contrario), no necesito que me lea nadie. No se escribe para nadie, al menos yo. No busco aplausos, ni análisis, ni comentar los pormenores, llevo escribiendo desde que dejé el biberón y casi diría que el 80% de lo que alguna vez puse negro sobre blanco nadie lo leyó, y hasta hace muy poco tiempo muy contadas personas sabían que lo hacía. Tampoco sé por qué. No ha sido premeditado. Es como si formara parte de mi intimidad más desnuda.

Eso ocurre cuando tienes necesidad de sacar tus tripas de ti, hacia fuera, de leerte a ti misma y como en un espejo observarte reflejada. Necesitas sacarlo, pero a la vez protegerte, extender una coraza invisible como un manto sobre tu yo más vulnerable, más expuesto. Lo que decimos, nos dice; lo que escribimos, también.

A veces pienso que me gustaría ser, con los años, como Sam Savage. Cumplir 70 años, estar dedicada a restaurar muebles antiguos en los ratos libres, con una preciosa melena blanca como la nieve (como Carmen Martín Gaite) y, entonces, escribir una novela. Sólo una. Cuando ya has vivido casi la totalidad de tu vida y, entonces, eres capaz de escribir algo que realmente valga la pena, cuando tus ojos ya han visto, tus oídos escuchado, tus pies visitado, tu corazón amado, tu alma llorado, todo lo que de verdad merece la pena contar. Cuando llegas a estar en paz contigo mismo y miras con amor y desapego al mundo. Entonces, sólo entonces, debe ser maravilloso escribir una novela.

Existe un texto que refleja todo eso que yo, que no sé escribir, dispara con una nitidez que te atraviesa. Bukowski, cómo no. Lo tengo conservado en papel, ya amarillento por el tiempo, y guardado entre eso que se suele llamar “mis cosas”. Ahora, gracias a Josep Aguilella y a la maravilla que, entre tanta basura, ofrecen las redes sociales, he descubierto que unos publicistas inteligentes lo han utilizado para hacer un anuncio de un whiskey, con unos recursos visuales, una música y un narrador en off, que, literalmente, me ha erizado el vello, sintiendo una punzada en el alma. Porque no siempre escribir supone una alegría. No es un don para personas 100% optimistas, o al menos, felizmente ignorantes de la vida. Esa es la necesidad irrefrenable y brutal de escribir, y que no todo el mundo alcanza a entender. Si no sientes todo eso, cualquier otra cosa no es más que juntar palabras sobre lo que día fue un árbol. No hay otro camino. Si no, no lo hagas.

– ¿ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR?, POR CHARLES BUKOWSKI –

“Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
o a tu novia o a tu novio
o a tus padres o a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.”

 

Me ha hecho llorar. Me cago en la puta. Esta mañana me he visto como ese barbudo bajo la ducha, te sorprendes a ti misma cuando has dejado pasar los minutos pensando bajo el agua, acariciándote el pelo. El viejo, crudo y descarnado cabrón de Bukowski. Este vídeo debería advertir al principio, como las cajetillas de tabaco, que no debe visualizarse en determinados días.

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