saudade

El término portugués Saudade, acuñado en el siglo XVII, es un vocablo de imposible definición o traslación a otras lenguas, por más que se intente. Es un sentimiento, próximo a la melancolía pero no a la tristeza, que nace de la distancia física o temporal a algo amado y que con frecuencia se es consciente que nunca volverá. Mezcla de nostalgia y ausencia, de la emoción que añora. Es una sensación interior. Silenciosa. La mirada que sólo los viejos pueden tener.

Necesitar escribir sobre un árbol y no poder no debe ser bueno. No, al menos para mí, que me suelen fluir las palabras aún cuando no hay papel o teclado cerca.

Una vieja, maravillosa y decadente casa en ruinas, en medio del silencio detenido de Portugal en sus callejuelas empedradas, donde un viejo árbol en su jardín sigue dando sus frutos a pesar de que su cancela hace décadas que acogió por última vez una llave.

Levanté la cámara para fotografiarlo, y a los segundos la fui bajando lentamente. No disparé, me quedé quieta, allí mismo, mirando durante no puedo recordar cuánto tiempo. Me pareció una falta de respeto, casi una irreverencia. Me senté sobre un muro de piedra frente a ella y me dejé ir… Intenté escribir en mi libreta pero no fui capaz… He vuelto a verlo tres veces, cada vez con una luz distinta.

Algún día tendré dinero, cogeré el coche y me iré a hacer kilómetros hasta ella. Algún día la compraré, abriré esa desvencijada cancela oxidada y entraré en ella. Descubriré sus secretos que apenas me ha susurrado, y lavaré con sal ese viejo azulejo, la única fotografía que tomé. Y entonces escribiré la historia de esa casa, y de ese árbol. Mientras, por favor, que nadie la toque.

Algún día ese árbol será lo primero que vea a través de la ventana al despertar. Y una mano me acariciará lentamente la nuca diciéndome buenos días en un susurro apenas a centímetros.

Algún día.

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