Banksy

El fin de semana pasado, en el cumpleaños de un íntimo amigo, conocí a una editora que trabaja para Canal Sur. Charlábamos bajo un maravilloso sol en la azotea, con un vino estupendo que por cierto recomiendo (Yllera5), disfrutando de risas, conversación y el olor de la primavera que ya llega. En un determinado momento, me comentaba que hacía dos días habían despedido a cinco compañeros suyos.

A pesar de que su empresa no pertenece a Canal Sur, es externa, su lugar de trabajo diario es la sede de la televisión pública; me contaba el rumor que existe por sus pasillos de un futurible y cercano ERE que tiene a la gente muy intranquila. Hoy día se da gracias solo por el mero hecho de trabajar.

Lo peor de toda la charla fue comprobar como ella misma y todos sus compañeros temen, por encima de todo, que cambie el partido en el poder en Andalucía… y el mantra en esos pasillos que todos invocan es que seguirán votando, pese lo que pese, al PSOE-A, ya que de ello (afirman con rotundidad) depende su puesto de trabajo.

Votan por contrato.

La RTVA tiene 1600 trabajadores en plantilla, más que Antena 3 y Tele 5 juntos, 7 direcciones generales y 10 direcciones territoriales, y un número indeterminado de empresas externas que trabajan para ella. ¿Cuántos empleados tiene en realidad?

Sumemos la propia estructura de la Administración Pública, Consejerías, Institutos, Consejos y demás, ya de por sí compleja y abundante, a una “administración paralela” que trabaja de facto sostenida con dinero público en innumerables Agencias, Fundaciones y Empresas Públicas como entes instrumentales, que contratan personal laboral no sujeto a las reglas del funcionariado y cuya cifra, nunca pública, está estimada en más de 30.000 trabajadores. ¿Cuánta gente en realidad vota en Andalucía por contrato? ¿A cuántas familias “temerosas” de un cambio sostiene lo público?

El Poder se alimenta de ello, tras 30 años edificando su estructura. Ha tenido tiempo, mucho tiempo… Javier Arenas, ese rey Midas en negativo, que convierte en mierda todo lo que toca, ha logrado imponer su candidatito de cartón piedra con sus habituales formas oscuras, mezquinas e interesadas (¿Qué te has creído, Cospedal? Aquí mando yo) para luchar por la presidencia de la Junta e intentar arrebatársela a Susana Díaz. Es tan ridículo que parece de chiste, y su gracia (nuevamente Arenas, gracias…) se traduce en tragedia para Andalucía.

Esta chica me cayó bien, muy bien. Pero no percibía matiz alguno de inmoralidad en todo lo que charlamos. Y no es ninguna niña, tiene 37 años. Pero en ese momento, en esa azotea soleada, divertida, ya medio moñas por la cantidad de botellas de las que hicimos buen uso, era la personificación de un sistema establecido, estructural, el cenit de una determinada cultura de lo Público interiorizado hasta los huesos. La pérdida del criterio personal, del individuo sujeto por una cadena invisible, y agradecido.

Para que hagan lo mismo otros nuevos que vengan, lo hago yo. ¿O voy a ser la más tonta?

Ese es el gran triunfo de todo. El Poder que convence a sus peones de que están haciendo lo correcto, que no se dejen llevar por cantos de conciencia y sean listos, que serán recompensados. ‘Sé listo, más listo que los demás, el mundo es de los listos y tú lo eres, los demás harán lo mismo, así que aprovecha tu oportunidad; has tenido la suerte de que se te ofrezca. No la desperdicies. No te avergüences. Estas actuando con lógica, madurez y responsabilidad. La motivación final es lo importa, y Tú eres lo más importante’.

El Poder es el mejor pedagogo inventado; convence al individuo de que lo que le ofrece es un privilegio. Es la revisión de la esclavitud maquillada de liderazgo, todo a cambio del pan. La perversidad del sistema te dotará por sí mismo de los argumentos correctos para sostener tu conciencia en caso de titubeo.

La cuestión es no poner nunca en duda la obediencia.

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