‘Tengo una ciudad atravesada entre los párpados.
Si pudiera, le diría que los sueños están para jamás cumplirlos;
pero tengo una ciudad atravesada en la garganta.

Arránqueme, señora, las ropas y las dudas.
Desnúdeme, señora, desdúdeme.

Yo me duermo a la orilla de una ciudad:
yo me duermo a la orilla de un susurro.’

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